lunes, 28 de octubre de 2013

Reciclaje entre hermanos: de vaquero de chico a vaquero de chica

Yo soy de vestir a los chicos muy de chico y a las chicas muy de chica así que hay muy poquicas prendas del mayor que haya podido aprovechar para la pequeña; alguna camiseta básica, pijamas, bodies y poco más.

El caso es que tengo un par de vaqueros que ahora le irán estupendamente a Campanilla pero no se los quiere poner (ella también es muy de faldas y color rosa) así que he decidido tunearlos para que le molen.

Y este ha sido el resultado:


Materiales: retal de tela sacada no sé de donde, tijeras, aguja e hilo.
Tiempo invertido: poquísimo.

Pues con algo tan sencillo ahora los lleva encantada!!

jueves, 24 de octubre de 2013

RETO SOLIDARIO

Por casualidad di a través de Facebook con  El Ovillo Rebelde y me enamoré de su proyecto inmediatamente: un Reto Solidario.

¿En qué consiste? pues en tejer o coser cualquier prenda de invierno y entregarla al Refugio de Zaragoza a primeros de diciembre.

Como he dicho vale coser y tejer, lo que mejor se nos dé, y cualquier prenda será bien recibida: guantes, bufandas, gorros... Ah! y el frío afecta a todas las edades así que también tienen cabida las prendas más chiquititas.

¿Os apuntáis? ¡yo ya lo he hecho!

https://www.facebook.com/events/1398893787013315/

martes, 22 de octubre de 2013

CUELLO DE TRAPILLO

Por fín me he estrenado con el trapillo y ha sido con algo rápido, fácil y resultón: un cuello.
No suelo usar bufandas, me resultan molestas, pero sin embargo soy asidua a las prendas con cuello alto porque en cuanto empieza el otoño mi garganta se resiente, así que los cuellos son perfectos para mí.

Me he decantado para este por el trapillo por el tema de los picores y bolitas; en ese aspecto estupendo ya que además el resultado es muy limpio. Por contra pesa mucho...


Os digo en pocas palabras cómo lo he hecho: agujas del 10 y un ovillo de trapillo (enterito); montar los puntos que necesitemos para el alto (en mi caso 10 puntos) y tejer a punto bobo hasta dar con la largura deseada (en mi caso 18 vueltas). Coserle un botón que contraste (yo he elegido uno de madera que tenía en la caja de los botones, seguramente de un abrigo que pasó a mejor vida) y listo! ni ojal hace falta porque al ser los puntos gordos el botón cabe perfectamente entre ellos.

¿Qué os parece? ¿Fácil no? En dos raticos terminado. No hay excusa para no lucir uno este invierno.

Y porqué no, uno de cada color, jeje.

viernes, 18 de octubre de 2013

Días complicados

Estoy pasando por una temporada difícil.

Mi espalda y cuello se han resentido y mucho hasta el punto de que el domingo no podía moverme, literalmente.

Y todo ha contribuido a ello: voy corriendo a todos lados intentando aprovechar cada minuto del día, el trabajo no está bien y me preocupo más de lo que debería, la peque está en una edad difícil con una rabieta detrás de otra, toses y despertares nocturnos que no me dejan conciliar el sueño...vamos que pongo un circo y me crecen los enanos.
Y no soy una persona de quejarme pero esta vez...

El caso es que mi marido me dijo: tú lo que tienes es estrés, y va a ser verdad, así que me he propuesto respirar hondo, muy hondo, y tomarme al menos media hora al día para sentarme en el sofá o tumbarme en la cama a oscuras y con los ojos cerrados sin pensar en nada.
Mi salud lo agradecerá y mis tesoros también que los pobrecicos sólo me ven gritar!!

Bueno pues a raíz de las rabietas de Campanilla que tanto me agobian y me hacen perder el control, he dado con este artículo de Carlos Gónzalez que comparto con vosotr@s. 
Por favor cómo me gusta este hombre!!!!

Las rabietas y el llanto de los niños

"Está muy extendida la teoría de que a los niños (2 o 3 años) hay que dejarlos solos cuando tienen una rabieta. Claro, en la versión progre” del tema se dice que al niño se le deja desahogarse, pero el resultado es el mismo (le dejas solo y llorando) que en la versión tradicional: “no es más que teatro, así que hay que quitarle el público”, o en la conductista: “aislado en tiempo de exclusión hasta que aprenda a comportarse como es debido”.

Quizás parte del éxito de algunas de las teorías de “dejar llorar” viene de una confusión semántica: “no dejar llorar” frente a “no dejar llorar”. Me explico. Cuando yo digo que no hay que dejar llorar a un niño lo que estoy diciendo es que los padres no tienen que hacer una actividad denominada “dejar llorar”, actividad que consiste en pasar de un niño que llora y no hacerle caso. Yo no estoy prohibiendo nada al niño, en todo caso estoy “prohibiendo” a los padres que le “dejen llorar”. En cambio algunas personas lo que dicen es algo muy distinto, que el niño no debe hacer una actividad denominada “llorar”, que los padres deben impedírselo, prohibírselo, incluso castigarlo por ello. Eso, claro, me parece una barbaridad.

Es una actitud mucho más extendida de lo que parece. Miles de veces, en vez de intentar consolar de forma adecuada a un niño (cogiéndolo en brazos, o dándole teta, o preguntándole qué le pasa, o diciendo “pobrecito, qué pupa más grande” o “sana sana culito de rana” o reconociendo el problema “sí, qué rabia, tenemos que irnos del parque porque es muy tarde, menos mal que mañana podremos volver…”), se le dicen con la mejor de las intenciones cosas como “no llores, que te pones muy feo”, o “qué vergüenza, un niño tan grande y llorando”, o “no llores, que los niños valientes no lloran”, o “no lores que pareces una nena” o “me duele la cabeza de oírte llorar”, o “este señor se va a enfadar si lloras”, o “cállate de una vez”, o “me tienes harto con tus llantos”.

Todos estos son ejemplos, unos más suaves y otros más bestias, de “no dejar llorar”. Claro, a todos se nos ha escapado alguna vez, y por una vez no tiene importancia; pero imagínense lo que es que cada vez que lloras, sea cual sea el motivo, te digan que te pones feo. ¿Qué va a sentir, cuando sea mayor, una persona educada así? ¿Qué comprensión, qué empatía, podrá sentir por el dolor ajeno, por el llanto de sus propios hijos? Le estamos diciendo que la belleza es el valor supremo, y que uno tiene incluso que reprimir sus propios sentimientos para poder ser “guapo” y por tanto aceptado socialmente.

Lo mismo que, cuando dejamos solo a un niño con una rabieta, cuando deliberadamente nos vamos de la habitación, o lo enviamos sólo a una habitación, le estamos enseñando que el dolor no es socialmente aceptable, que una persona bien educada no “se deja llevar” por sus sentimientos en público.

Otra cosa sería un niño mayor (o adolescente) que deliberadamente se va a llorar solo. También hay que demostrarle que tiene derecho a aislarse, si eso es lo que desea. No salgas corriendo detrás, no le digas que “es de mala educación” y que “no puede levantarse de la mesa”… pero puedes, al cabo de un tiempo prudencial, acercarte, decir algo, y seguir o retirarte según su respuesta. Cuando mis hijos tenían rabietas, lo probaba todo. Es cierto que en algunos casos parece que no quieran ser consolados: si les hablas o les preguntas, lloran aún más fuerte o te insultan, si intentas cogerles en brazos se resisten y patalean, si les tocas te pegan. En esas circunstancias, es muy humano sentir la tentación de decir:
 
 “¿Y encima me pegas? ¡Pues me voy y te j….! ¡Yo no tengo por qué aguantar esto!”  

Sentimiento que muchos intentarán racionalizar (pues la capacidad del ser humano para engañarse así mismo parece ser aún mayor que su capacidad para dejarse engañar por otros) con argumentos como “es mejor que se desahogue” o “no es un castigo, es aplicar las consecuencias lógicas, debe aprender que si insulta y pega nadie querrá estar con él”. Es muy humano reaccionar así, pero ¿no es un poco “infantil”? ¿No debería un adulto, que encima es padre, tener más herramientas que un niño de tres años para canalizar la ira y para mantener la compostura en situaciones difíciles?

Es un poco como si hubiera un individuo de pie en una cornisa, amenazando con tirarse de un octavo piso, diciendo a los bomberos: “si se acercan, me tiro”, y los bomberos dijeran, “bueno, hemos hecho lo que hemos podido; si se pone en plan imbécil no tenemos por qué aguantarle las impertinencias” y se fueran.

Supongo que cada niño es distinto, y que cada familia encontrará su propia estrategia. A nosotros nos iba muy bien, en las rabietas más terribles, alejarnos un poco y ponernos a hablar del niño en voz alta: “¿Sabes, Mamá, que ayer llevé a María a ver a Abuela? - ¿Ah, sí, fuisteis a ver a Abuela? - Si, y María estuvo ayudando a Abuela a preparar un pastel - ¿María ya sabe cocinar? - Sí, lo hizo muy bien, dijo Abuela que nunca había quedado la masa tan bien revuelta, sin ningún grumo de harina…” A medida que vamos hablando, notamos como María deja de llorar para poder oír mejor. “¿Y con qué hicieron la masa del pastel? - Pues con harina, leche, huevos, levadura, y… a ver si me acuerdo, había otra cosa…” Y de pronto María interviene: “-Y limón rallado, lo rallé yo”. 
A partir de ahí, la rabieta puede darse por concluida, siempre y cuando los padres sigan disimulando un rato y eviten la mezquina tentación de vengarse: “Ah, conque ahora hablas, creí que sólo sabías llorar”, o “No me interesa lo que digas, si tú no me querías oír a mí, yo tampoco te quiero oír a ti”, o “Ahora que has dejado de llorar, ¿me puedes explicar qué te pasaba?”…

Es asombroso la cantidad de padres que sienten (sentimos) la ridícula necesidad de decir la última palabra, de ajustar cuentas, de dejar bien claro quién se ha portado mal y quién se ha portado bien, la necesidad no sólo de vencer, sino de humillar al vencido. Que el mentiroso confiese, que el culpable pida perdón, que el desobediente obedezca… Supongo que son frustraciones sin resolver de nuestra propia infancia, que nos creemos con derecho a exigir de nuestros hijos absoluta sumisión porque sabemos que jamás la obtendremos ni de nuestros padres, ni de nuestro cónyuge, ni de nuestros amigos, ni de nuestros jefes, ni de nuestros subordinados, ni del gobierno…
"

miércoles, 9 de octubre de 2013

Arreglando la sombra de ojos

Hola!!!! hoy os enseño cómo arreglar una sombra de ojos que se ha roto, bien porque se nos ha caído, bien porque nuestros hijos juegan con ella mientras nosotras tratamos de ponernos decentes, jeje.

Hay videos explicándolo en la red y muchas ya lo conoceréis pero para las que no ahí va el truco:

Cogemos un palillo y terminamos de deshacer la sombra hasta quede bien machacadita.


Echamos unas gotas de alcohol, del que tenemos en el botiquín, y presionamos con papel de cocina absorbente.


Una manera de que quede "más bonito" es presionando con una moneda, así quedará más plano.

Y ya está, así de fácil hemos recuperado una sombra de ojos que creíamos perdida!!




lunes, 7 de octubre de 2013

Bata Escolar Naii

Ya está aquí, este finde he terminado la bata de Naii para Peter Pan!!!

Muchos colores, como él había pedido, con botones y bolsillos para guardar cosas (macarrones, trozos de pan...eso me encuentro cada viernes jeje)


Detalle de puños, bolsillos y botones
 Le he puesto gomas en los puños para que se pueda manejar mejor y no lleva cuello para que se vea más libre...

También he pespunteado la tira de los botones pero no me convece...



El prota con su bata nueva (sin planchar y sin los puños terminados...)

El resultado me gusta mucho aunque como siempre es mejorable.